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Uruguayes (en Español)


Gigi Căciuleanu

23.05.2009
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Me viene al espíritu un verso en el cual Pablo Neruda habla (si lo recuerdo bien) de Paraguayes y de Chiles... De gira en Uruguay, no puedo pensar en ese pequeño país, hermano (mucho) menor (cuantitativamente mas para nada cualitativamente) de la gigantesca Argentina, sino como un cortejo de diversos (muy diferentes) Uruguayes.

Justamente esas diversas facetas han hecho a Uruguay conocido y reconocido, como un país eminentemente cultural...

1. Montevideo.

Estamos en uno de los teatros más maravillosos del planeta. Con un nombre, además, súper bonito: el Teatro Solís. Bailamos, Valparaíso Vals. Como un saludo. De puerto a puerto. Conquistamos al público paso a paso. Al final: ovaciones. En el Teatro "Sol" uno de los mas maravillosos (ya que misteriosos) momentos es cuando las luces están por apagarse para pasar de la luz de la realidad a la del sueño... Vista del escenario la sala nos aparece como la colina iluminada por innumerables lucecitas de la ciudad - cerro, paraíso de los viaje(ro)s: Valparaíso.


En las ciudades de provincia en las cuales nos vamos a "descentralizar" bailamos un espectáculo en dos partes: Movimientos (con la música de los conciertos de cuerdas número 9 y 10 de Mendelssohn) y Gente sobre un montaje musical teniendo como eje al maravilloso Imagine de John Lennon. La función comienza y se termina con una interacción nuestra con el público. Entre las dos piezas bailo yo también un fragmento de mi Pájaro (Pasărea) danza que había inventado años atrás para un popular programa de TV en Rumania.



(Movimientos)




(Gente)


(Pájaro)

Al final, los bailarines que al principio habían salido del público vuelven en la sala y los espectadores están invitados a subir al escenario...

Me propongo, cada vez que tenga la posibilidad, abrir el teatro al máximo eliminando bambalinas y cortinas de fondo. Del mismo modo que el espectáculo borra las barreras entre nosotros y el público...

2. Rocha.

Nos alojan en cabañas individuales al borde del Océano. Atlántico.


Llegamos en plena noche. De repente veo un caballo (¿fantasma?), escapado de no sé qué oscuridad para desaparecer (¿en qué otra sombra?) pasando como un relámpago negro a unos poquísimos centímetros de Rita (nuestra bailarina italiana), petrificada entre los troncos del bosque donde están albergadas las cabañas.

El día siguiente me hundo en un mar maravilloso en una playa vacía, ya que estamos fuera de temporada. Se llama Pedrera y me hace pensar en "Tataia", una de las playas llena de rocas de mi infancia. Salvo que aquí hay pequeñas playas con forma de herraduras.


Normalmente aquí hubiéramos debido estar ya en pleno Otoño; tenemos sin embargo la suerte de gozar de días calurosos de verano... En la hierba detrás de las dunas - decenas de loritos. Y otros pájaros, como gorriones con dimensiones de cuervo que abren, en el momento de despegarse del suelo, sus colas en un abanico del color y consistencia de las ardillas de los dibujos de mis libros infantiles.

El teatro me aparece blanco y sonriente al final de un sendero bordeado de árboles dorados en la plaza central de la ciudad.


La sala, una prolongación orgánica del sendero nos acoge con todas las luces encendidas y con la "araña" del techo que luce todas las ampolletas prendidas como las velas de una torta preparada con amor a la ocasión extraordinaria de un... extraordinario cumpleaños.


En la noche tenemos tanto público que nos piden quedarnos un día más, en nuestro único día libre!, para bailar otra vez...

3. Rocha (otra vez).

Justo antes de la segunda función en Rocha, me atrae (no sé como) la mirada, al piso, en la oscuridad detrás de las bambalinas, una mancha blanquecina, apenas visible, con un dibujo extraño. La tomo (no sé porqué) en foto. Me aparece (en el celular con el cual muy de prisa la había fotografiado) la imagen fosforescente de una mano sosteniendo dos calcetines como los que se preparan para los regalos de San Nicolás. O, ¿más bien dos pies de bailarín?

Hecho extraño: Justo antes de salir de Santiago me llama la atención, en un diario, la foto de una agrupación de galaxias teniendo la forma de una mano y sosteniendo otros racimos hechos de miles de astros... El pie de la ilustración decía: "la mano de Dios"...


Como decía el Trismegisto Hermes: lo que está arriba es como lo que está abajo. Y (o) viceversa... No me acuerdo exactamente la frase. Su sentido me aparece sin embargo igual de luminoso y fosforescente como la imagen que había captado por pura casualidad (¿casualidad?...) con mi celular.

4. Colonia.


Totalmente otro Uruguay. Una ciudad verde y florida, idílica y (como su nombre lo indica) típicamente colonial. Algo entre Montpellier, Cádiz, una aldea croata y (la rumano hungara) Targu Mures.



Absolutamente maravilloso. Las casitas de varios colores, luminosas, limpias, de un piso o dos, 'rimando' con el color de la vegetación con flores (que me parecen a mí) exóticas y con todos los matices de verde, desde lo lúcido hasta lo más tenebroso.


El teatro - en la encinta de un antiguo convento. El Bastión del Carmen.


El telón de fondo oculta tres ventanas enormes que ocupan todo el muro. Para Gente, la segunda parte del espectáculo, lo hago desaparecer y los bailarines entrando por el público penetran en el espacio escénico rumbo a las ventanas abiertas a través de las cuales aparece, nocturno e inmenso, el mar, ¡perdón!: el Río de la Plata.


De hecho el agua está en todas partes. Justo bajo el escenario en un sótano abovedado y lleno de arcos medievales, una suerte de Venecia subterránea, el agua, espejo de color verde, asegura al teatro una acústica única.


Nuestra danza arde en un escenario que flota literalmente sobre el estrato de aire que nos separa del agua.

Tierra, Agua y Aire, Fuego...

5. Rivera.

Zona franca. En el medio de la ciudad una piedra del tamaño de una piedra kilométrica separa Uruguay de Brasil.


Del otro lado de la calle se habla portugués, los nombres de las calles cantan en brasileño.


Exactamente como en mi espectáculo (¡mi propia zona franca!) la frontera entre espectadores y artistas se cruza fácilmente, sin pasaporte u otros tipos de perquisiciones...

El teatro, situado en un inmueble como un club cultural de una fabrica, tiene al interior un inesperado y anticuado encanto.




Recordándome los escenarios, generosos y acogedores, donde, adolescente, con tanta excitación había bailado improvisando horas y horas para mis primeros públicos.


Con butacas de cuero marrón, pareciendo un grupo de rinocerontes salidos de una pieza de Ionesco...


Aquí también el público aplauda de pie y con lágrimas en los ojos. Igual a nosotros...

6. Intermedio.


De Rivera a Salto, el camino pasa por una suerte de pampa con, de tiempo a otro, un tipo de cerros como nunca había visto antes: las mesetas, troncos de cono de la forma de la célebre colina de la película Close Encounters of the Third Kind / Encuentros Cercanos de Tercer Tipo.


7. Salto.

Un teatro "à la italiana" pareciendo por afuera y en más chico, a la Opera de Bucarest.


Pero al interior, con un telón maravillosamente pintado al igual que el techo o de las sorprendentes butacas del primer balcón.



El telón, visto del escenario, del lado de los artistas, está lleno de afiches de espectáculos que habían "embrujado" el teatro. Queda entendido que van a pegar también uno de los nuestros...


Aquí bailamos en la misma noche dos veces en lugar de una, ya que afuera habia una fila de gente que no pudo entrar para la primera función. Entre las dos funciones el Alcalde (¡perdón de nuevo!: el Intendente) nos hace, frente a una sala llenísima, un homenaje como público tan eléctrico. Y nos regala una foto de la fachada del teatro con nuestro afiche y con la inscripción: "Al Ballet Nacional de Chile - Pueblo y Gobierno de Salto". Mientras el vestuario se está secando en el jardín, un inesperado Edén, detrás del teatro...


8. Paysandù.

La ciudad se encuentra sobre el río Uruguay que nos separa de la Argentina. Me parece que si estiro el brazo la podría tocar con la mano.


El teatro - una réplica de la Scala Di Milano. Increíble, como fueron los demás teatros, y que no se parecen para nada a salas provinciales.


Para el ensayo nos espera un bufé en un recinto al lado de las bambalinas que luce como un típico local rioplatense: Café del Florencio (Florencio es el nombre del teatro).


Al final de la función, el Intendente, con lágrimas en los ojos, no puede sacar ni una palabra. Abrazos y estrechar de manos...

Al día siguiente, saliendo de la ciudad, en el diario aparece en primera página una foto del espectáculo: cuatro ángeles vol(te)ando en un salto de la obra Gente, sobre la maravillosa Balada para un loco de Astor Piazzola (cantada por la grande Amelita Baltár) que amo desde cuando me conozco...


Nos vamos a Montevideo en bus, mañana temprano para coger el avión de las cinco (¡en punto!) de la tarde y llegar en la noche a Santiago.


Donde al día siguiente ensayamos como locos para viajar de inmediato a Talca donde bailaremos en un teatro moderno, tipo "Théâtre de la Ville" de Paris.


Adiós Uruguayes y bienvenidos a Chiles...

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